La Danta

La Danta.

 

 Campamento en cercanías al cañón

Campamento en cercanías al cañón

La mítica catarata Danta. Solo vista por helicóptero y desconocida para los locales de la zona. Habia escuchado a mi primo Tuto ( un señor de aproximadamente 45 años, de 2 metros de alto que parece salido del ejército ) de que alguna vez tuvo que usar equipo de alpinismo para llegar a una catarata que salía de la montaña.

 Río de la catarata 6:00 am

Río de la catarata 6:00 am

 

Dure más de 5 semanas contactando a Gil, pieza clave en el descubrimiento de este lugar, inclusive lo llamaba mientras viajaba por Estados Unidos. Gil es el mago de la montaña, conoce su área como ningún otro, pero no conocía ésta.

 

 Amanecer en el bosque

Amanecer en el bosque

Al principio no me creyó ( como es costumbre) y después le enseñe un video que había grabado en un vuelo de helicóptero por la zona y se quedó impresionado.

 

 Retrato de Gil

Retrato de Gil

 Herida hecho por el andarivel

Herida hecho por el andarivel

-¡Javier esa es la más grande que he visto por aca! Me dijo.

 

No les puedo revelar como entre ni donde deje mi carro porque prometí mantenerlo en secreto, pero en fin, a través de unos amigos de amigos se nos brindó acceso a una parte muy específica de Costa Rica.

 Colores del río

Colores del río

 

6:00 am empezamos la caminata.

 

Primer obstáculo, un andarivel que nos cortó un dedo a todos, había sangre por todo lado.

 

El camino era casi  imposible, un río de rocas gigantescas, de muchísimo caudal, aire muy frío, poca visibilidad y un bosque primario muy denso. Tomamos la decisión de irnos por la montaña con nuestros machetes afilados, después de 2 horas empezó la magia.

 Bosque primario

Bosque primario

 

Adentrados en en cañón, el bosque empieza a cambiar, la fauna se empieza a ver, al parecer el cañón y la catarata cuidan kilómetros de bosque primario e islas internas, lo que permiten que prosperen las Dantas, Sainos y Chanchos de monte. En el camino vimos cientos de huellas de Dantas de montaña; eran gigantescas a tal punto que empezamos a preocuparnos por la cantidad de huellas que había y la posibilidad de que apareciera “ el tigre” ( un Jaguar). Por experiencia Gil sabe donde están los jaguares y el hecho de que hubieran manadas de sainos indicaba la presencia del felino.

 Huella de Danta de montaña

Huella de Danta de montaña

 

-¡No podemos pasar la noche aquí, nos come el tigre! Exclama gil.

 

Aceleramos el ritmo, ya llevamos 4 horas y no hay señales de la catarata.

 

 Rio arriba

Rio arriba

Gil empieza a dudar de mi criterio, además estaba empezando a llover lo que hace que el río crezca. Se toma la decisión de seguir adelante y luchar por ver la catarata. Después de 5 horas llegamos a la catarata y eran dos.

 Dos cataratas dantita en el primer plano y Danta al fondo.

Dos cataratas dantita en el primer plano y Danta al fondo.

 Gil buscando camino a la poza

Gil buscando camino a la poza

Gil saltaba de la felicidad y hacia unos gritos de montaña realmente graciosos. Luna cayó en hipnosis; exhaustos almorzamos y disfrutamos de la catarata.

 

 La Danta saliendo de media montaña

La Danta saliendo de media montaña

 Imagen de mi tomada por luna.

Imagen de mi tomada por luna.

Hay cierta magia de esta catarata, el hecho de que salga de la mitad del precipicio, que tenga sus propias nubes, que a sus costados estén los restos de un antiguo terremoto. Que su río sea tan puro y que la vegetación de las lomas adyacentes sea sacate bajo.  Ha pasado por mucho la catarata pero siguen en pie. Su belleza es complementada por una catarata previa de 150 metros de altura.

 

 Fuerza

Fuerza

 Vegetación del cañón

Vegetación del cañón

Ahora le llaman La Danta: así la nombran los lugareños después de que Gil proclamara su descubrimiento.

 Gil disfrutando de la catarata

Gil disfrutando de la catarata

 Momentos únicos

Momentos únicos

 Luna y Gil siendo felices

Luna y Gil siendo felices

 

 

No importa que tan difícil sea el camino si se sigue adelante con esfuerzo existe algo maravilloso.

 

Javier Elizondo Esquivel